La maldición de ser escritor

Cuando se es joven, generalmente, nos encontramos inmersos en un mundo ansioso por ser explorado. La realidad nos invade y, sin piedad, nos revuelca con olas de información sobre cómo es el mundo, qué es lo correcto por hacer, cuáles son las reglas del juego y todo lo demás que hay por comprender alrededor, si deseamos sobrevivir.

Todo esto se complica, por si no fuera suficiente, cuando descubres sub-universos dentro del que te encuentras tú. Generalmente, plasmados en los libros. Ellos, te enseñan mucho más de lo que habrías podido aprender por tu propia experiencia. Te llevan, a bordo de su extraño funcionamiento, hacia circunstancias insospechadas, experiencias inolvidables y rincones insólitos que sólo pueden ser visitados a través de ese medio tan particular: la lectura.

Una vez dominado el medio de transporte, parece maravilloso obtener rienda suelta hacia lugares tanto fantásticos como irrisorios. Brindándote la posibilidad de sumergirte en más de una vida, formando parte de increíbles aventuras, loables hazañas o excéntricos sucesos. Todo, completamente inofensivo y hasta enriquecedor, siempre y cuando no te involucres con el Espíritu Mugadzi de la ilusión.

Nunca falta el viajero perdido que decide encausarse hacia la perdición y realizar un insaciable pacto con dicho espíritu. El cuál, a cambio de buena parte de tu alma, te promete brindarte parte de su poder creador para que logres moldear, con tus propias manos, mundos a tu gusto y capricho, donde ocurrirá todo lo que desees y ordenes, con miras a volverte eterno. ¿Tentador, no? Pues, aquellas almas aventureras que aceptamos el pacto, fuimos mordidos por una terrible maldición:

Seremos esclavos eternos de las letras, de aquellos universos que materialicemos a través de la tinta y el papel. No habrá vuelta atrás. Nuestra vida, se fragmentará para dar luz a nuevas realidades que, sin razón de existir, emergen para convertirse en nuevos medios de transporte para los caprichosos navegantes de las letras. Estaremos atados a ellos, día y noche. No volveremos a ser una existencia, nuestra esencia, jamás será completamente nuestra.

Escribir… es una hermosa maldición.”

Ahnira Sang

El anterior fragmento surge de una profunda reflexión que se enredó con las alas de mi imaginación. Todo, con respecto a la labor que tenemos los escritores, el proceso que nos impulsa a dedicarnos a las letras y las consecuencias de ello. Que, si bien constituye dedicar buena parte de nuestra vida, nos brinda la satisfacción de materializar, aunque sea un poco, los disparates de nuestra imaginación.

Y tú, ¿has firmado ese pacto?, ¿o eres un libre navegante de las letras?